Jesús: “En ningún otro se encuentra Salvación” (Hechos 4, 12)

Por Padre Julio César Márquez 
Parroco Parroquia Transito de María. Jiquilisco, Usulután.
Lunes 03 de mayo de 2021 


La celebración de la Pascua, de la resurrección del Señor Jesús es una memoria viva y actual del poder Sanador de Cristo. Las mujeres Santa María Magdalena y compañeras, los discípulos vieron al Señor glorioso-gozaba de buena salud- y que en él se cumplieron las Escrituras, que resucitaría al tercer día. “Ellas, se abrazaron a sus pies y lo adoraron” (Mateo 28, 9) y recibieron el mandato de ir a decirles a los discípulos que lo verían en Galilea.

Las palabras que salieron de la boca de Nuestro Señor Jesucristo, son “palabras de vida eterna”, dice el apóstol San Pedro. Sus palabras o Evangelio tienen la fuerza curativa para sanar toda enfermedad. Pero queremos apuntar en esta reflexión: Que sólo Jesús nos hace gozar de buena salud en nuestras relaciones con los demás. Alguien odia, está enfermo; alguien insulta, traiciona, agrede, margina a los demás, explota, domina está, enfermo. Nuestro Señor Jesús nos salva liberando, curando, renovando nuestro interior. El Padre concede una nueva vida a los que creen en su Hijo, al que por amor nos lo envió, para que tengamos vida; vida de la que gozan los creyentes en cuanto se han creído en Jesús. El quiere decir en tu casa: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lucas 19, 1-10)

Hoy vemos a Jesús, vivo, resucitado en una familia que goza de paz, de comprensión, que se aman, se perdonan; hoy vemos a Jesús en una comunidad fraterna, solidaria, servicial; hoy vemos a Jesús en el sacerdote que asiste al infectado por la Covid 19, en el sacerdote que es fiel al Señor, que lucha por su santificación.

En nuestro ministerio que el Señor nos ha confiado, de sacerdotes, encontramos que muchos nos piden que oremos, que los visitemos y que unjamos a los enfermos; lo hacemos con mucha alegría porque en el enfermo hay presencia de Cristo, fe, esperanza y un amor en momentos de prueba y amor que los llevó a desgastarse en la entrega día a día a su familia. También muchos han sido fieles servidores del Señor, respondiendo a diversos ministerios, oficios, tareas. Pero también la cercanía nos permite encontrar en los enfermos a Cristo. Muchos de los enfermos sanan, se reintegran a sus tareas y otros por voluntad de nuestro Creador son llamados a su presencia, a gozar de la vida en plenitud.

Pero la intención en este pequeño escrito es que meditemos también en las enfermedades en nuestras relaciones humanas. Es Pascua pero siguen los miedos, la violencia, la mentira, muertes, libertinaje sexual, codicia, ambición de poder, sectarismos, etc. ¿por qué hoy un hombre dice amar a su esposa y luego comete feminicidio?

Es fundamental que nuestro corazón se llene del amor de Dios, que nos dejemos sanar por El, que nos mandó a su Hijo. Es necesario, urge que en la evangelización lleguemos a las personas, para anunciarles que “vayan a Galilea, que allí lo verán”. Llegar antes de que se suiciden, se separen los matrimonios, “Reconcíliate con tu adversario…” (Mateo 5, 25). Necesitamos anunciar la sanación del alma, del espíritu, del corazón. TODOS NECESITAMOS LA SANIDAD QUE SOLO EL SEÑOR PUEDE DARNOS. La palabra de Dios nos ayuda para ser confrontados con nuestros temores, luchas, orgullos, complejos y situaciones del pasado que impiden que entremos en el reinado de Dios, que seamos salvados por Cristo. Tomar conciencia y hacer el ejercicio humano – espiritual, de SANAR. Lo hacemos porque todos hemos tenido experiencias dolorosas que afectan la manera en que nos relacionamos con los demás. Necesitamos el encuentro con Cristo o quizá crecer más, en la experiencia pascual.

Todos conocemos el pasaje de los dos hermanos, muy bendecidos por Dios, pero lo que pasó cuando se enfermó el corazón de uno de los dos.

“Caín dijo a su hermano Abel: vamos al campo. Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín sobre su hermano Abel y lo mató” (Gn 4, 8). El corazón de Caín se llenó de odio hacia su hermano Abel, “por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio mejor que el de Caín” (Heb 11, 4). La Palabra de Dios nos llama a despojarnos del orgullo, de la soberbia para buscar vivir con la conciencia de que somos creación de Dios, que el Padre nos da la vida, que su plan es sanar todas las áreas de nuestra vida. 

La enfermedad se cura acogiendo el proyecto de Dios, buscando tener un corazón humilde para aceptar los errores y obedecer sus mandamientos. “Caín se llenó de ira, y el pecado acechaba como una fiera para saltar sobre él”. Para el mundo, la Buena Noticia es la llegada del Emmanuel, el Hijo-médico del Padre y del Espíritu Santo, que están con nosotros para sanarnos, para aconsejarnos, para advertirnos y así tomar la decisión correcta…Caín tomó la decisión, planeó el mal contra su hermano Abel, y lo mató.

Conclusión Caín no venció la tentación, no obedeció a Dios, no resistió al diablo, no amó a su hermano Abel; no se curó de su resentimiento, envidia. Su error pudo ser, el dejar crecer en su corazón el resentimiento y este creció hasta hacerse tan poderoso que fue más fuerte que el amor a su hermano y temor a Dios.

“Y, ¿por qué lo asesino? Porque sus acciones eran malas y las de su hermano buenas” (1Juan 3,12) él no amaba a su hermano, lo odiaba, le tenía envidia, su resentimiento se convirtió en deseos de venganza hasta matarlo. El Señor nos está llamando a dejarnos sanar y gozar de unas relaciones más cordiales, fraternas y lograr que la familia, la comunidad, la amistad se mantengan por siempre. “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Que gocemos de una comunión con Dios y los demás.

Para lograr la sanidad en nuestras relaciones se nos pide dejarnos formar, tener una disciplina y una espiritualidad personal y comunitaria. Buscando la gracia de Dios todos los días en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios, que vivamos los sacramentos, los que renuevan nuestra vida.

Por eso creemos que la familia, la Iglesia y la sociedad necesita que se le diga hoy esa palabra evangélica: “Effata”. Que él quite la sordomudez, que la invite a hablar y a escuchar, a dar y a recibir la palabra, a decirse y a confesar la esperanza, a evangelizar y a dejarse evangelizar.

Nuestro Señor Jesucristo nos deja los sacramentos que son para curar nuestras enfermedades, la Iglesia – comunidad- donde Cristo nos salva 

“Muy querido amigo, sabiendo que tu alma va por buen camino, te deseo que goces de buena salud y que todos tus caminos te den satisfacción” (3 Juan 1, 2)
Feliz Pascua de Resurrección. Dios los bendiga abundantemente

SINOPSIS FILMS EL SALVADOR 2021

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